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Conocido también como el árbol lila, el Jacaranda es un
árbol ornamental muy apreciado en todo tipo de jardinería. Su exquisito color
liláceo, su porte ligero y su talla media lo convierten en una especie ideal
para paseos urbanos de la costa mediterránea. Si tienes un jardín considerable
y no sabes por qué árbol decidirte, déjate seducir por el jacaranda,
acompáñanos.
El Jacaranda crece
de forma espontánea en los países de América del Sur como el Brasil o la
Argentina, dónde hoy podemos encontrar magníficos ejemplares centenarios. Su
plantación y cultivo se ha extendido a la zona mediterránea y peninsular,
aunque dónde la especie tiene más éxito es en aquellos lugares de clima suave,
con pocas heladas, dónde no se aprecien cambios de temperatura muy bruscos.
El jacaranda no precisa de suelos especiales, aunque sí
requiere un clima moderado. Es mejor evitar plantarlo en aquellas zonas que
padecen heladas de manera habitual, puesto que los ejemplares jóvenes pueden
llegar a morir en situaciones extremas. Aunque es un árbol caducifolio, son
apenas 8 semanas de la primavera las que
se presenta desnudo de hojas. Sus bellísimas flores, que se agrupan en
racimos liláceos de gran vistosidad, tienen una larga duración, hecho que aún
lo hace más apreciable como árbol decorativo. Sus hojas son muy parecidas a las
de los helechos o mimosas, opuestas, bipinnadas, de 15 a 30 cm de largo, con 16
o más pares de divisiones.
La exuberancia del jacaranda está bastante relacionada
con el riego que le proporciones. Si quieres que tu ejemplar esté magnífico y
exuberante, durante la época de crecimiento es recomendable regar asiduamente,
en primavera unas dos veces por semana y en veranos calurosos de temperaturas
extremas, cada día. Cuando hace mucho calor, es mejor hacerlo a primera hora
del día o a última hora de la tarde, para evitar que la planta se queme con el
sol.
El jacaranda prácticamente no necesita ningún tipo de
poda de formación ni de mantenimiento. La única precaución que debemos tomar es
eliminar las partes más secas. Lo podemos hacer en cualquier época del año. La
poda no es sinónimo de mejor floración, o sea que no es necesario darle
cuidados específicos.
Es un árbol ornamental que puede llegar a medir 20 metros
de alto, muy a menudo se lo ve en veredas, plazas y parques; si se dispone de
espacio queda bien, además, en los jardines pues su flor dura mucho tiempo y
alegra el entorno. Su madera semidura, blanco amarillenta, se utiliza en la
fabricación de muebles y carpintería en general.
Las hojas (que brotan después que las flores) son verdes,
pecioladas, grandes (más de cincuenta centímetros de largo) y están compuestas
por un gran número de folíolos sésiles pequeños (de poco más de un centímetro).
Las flores de unos cinco centímetros, de forma tubular y color lila en la
mayoría de las especies (aunque las hay rosas y blancas) se agrupan en racimos
de más de treinta centímetros de longitud. Da dos floraciones al año, una en
primavera y otra hacia fines del verano o comienzos del otoño. Hay dos tipos de
Jacarandá según sea el número de tecas de sus anteras, los Monolobulados y los
Dilobulados, el Jacaranda mimosifolia de flores lila-azuladas pertenece a los
primeros.
El fruto es aplanado, formado por dos valvas de
consistencia leñosa de color castaño y forma circular que al madurar se abren dejando
caer las semillas aladas que contienen (las cuales son dispersadas por el
viento), con ellas se confeccionan numerosas artesanías. La propagación puede
efectuarse a través de las semillas (los ejemplares obtenidos de esta forma
tardan mucho tiempo en dar sus primeras flores) o por esquejes de ramas
jóvenes. Requiere suelos más bien arenosos con buen drenaje. El riego debe ser
moderado, incrementándolo en época de floración. Necesita ubicaciones a pleno
sol y no resiste las heladas.
En medicina no tradicional se prepara un líquido con sus
hojas (obtenido por decocción) que tiene propiedades antisépticas y
bacterianas; a la corteza, de color grisáceo, a su vez, se le atribuyen
propiedades astringentes. Sus raíces son invasivas y con frecuencia levantan
las veredas y hay que tener esto en cuenta para no ubicarlos cerca de cañerías
principales de cualquier tipo.
Durante la época de crecimiento, el jacaranda requiere un
abonado idéntico y genérico para árboles. No es una especie muy delicada, y el
abonado es mejor aplicarlo una vez al mes durante la época de crecimiento. Un
truco para ayudarle endurecerse y superar los primeros fríos en sus primeros
años de vida es incorporar sulfato de potasio al suelo unas dos veces al año.
Más o menos se recomienda unos 20 gr. de producto por cada metro cuadrado de
copa.